miércoles, 8 de abril de 2009

Volver a caminar con música

Uno de pronto recupera lo que le parece haber perdido. Vuelve escuchando la música que le gusta después de haber bebido debidamente en lo de su abuela, habiendo hablado, habiendo comprobado que algo de lo que a uno le pasa, le ha pasado a su padre o a su tío. Hay algo de la angustia que se siente que tiene directa relación con lo que ha vivido algún ancestro pasado. Entonces invade la tranquilidad de que al menos uno no está solo, al analizar el hoy como un infinito flashback.
En algún momento del tiempo hay alguien que ha estado en esta situación, ha sufrido mirando a su alrededor como un cachorro de 30 días, encontrando nuevo todo lo que lo rodea; lo que se suponía que era conocido.
Días raros. O quizá sea solo uno. Un día, de haberle perdido el miedo por unos minutos a todo. De mirar a la cara a todo transeunte que se cruza con la seguridad de ser uno y de que eso es suficiente. Día de volver a caminar por la calle escuchando música.
Gracias Baco!

miércoles, 25 de marzo de 2009

A mi hoja en blanco

De tanto verte, de tanta incansable permanencia, no puedo negar que con el paso del tiempo hemos ido generando una relación cada vez más estrecha. Claro que al principio todo fue más conflictivo. Yo queriendo escapar de vos, salir de esa situación tan angustiante. Y vos siempre inmutable, siempre igual, todos los días y todas las noches.

Y yo mirándote a veces con desmedida paciencia, a veces muy de frente, sin quitarte los ojos de encima, como haciendo fuerza. Y a veces de reojo, antes de apoyar el mate en la mesa, o deteniendo un instante mi mirada sobre tu pálido perfil y luego huyendo mis ojos hacia la ventana del balcón, buscando entre las ramas de los árboles, secas en invierno y verdes en verano, ese detalle que despierte lucidez, esa pequeña pista que clarifique el rumbo, esa llave, esa idea que destape los ojos, ese aire que despeje el humo y permita ver con nitidez.

Indefectiblemente se van perdiendo las fuerzas y las ganas de pelear. Pero algo extraño sucede al emulsionar el tiempo con relaciones cíclicamente monótonas: cosas que en un momento uno busca tener lejos, poco a poco, la costumbre va amigando y lo que era insostenible, se va transformando a través de días y noches de hastío y repulsión en algo demasiado conocido, en algo que de tan conocido en ocasiones especiales se viste de ameno e incluso seduce.

Lo que es conocido no asusta y como miedo me sobra, quizás sea la mejor opción quedarme mirándote en blanco, antes que enfrentarte y confirmarme vencido.

Música portátil

Indefectiblemente, se suba uno al medio de transporte que se suba, encontrará un grupo de personas conectadas a su mp3,4,5 o celular con reproductor de música.

Dependiendo de la hora y del medio de transporte, pueden encontrarse incluso otros individuos que también escuchan música, pero a través de sus nuevos reproductores portátiles con parlantito incorporado de potente volúmen, pero que únicamente reproduce un rango reducido de frecuencias agudas, lo que los dota de un estridente sonido molestamente chillón, únicamente disfrutado por el DJ ambulante de turno y a lo sumo algún amigo.

Independientemente de la presencia o no de un DJ ambulante en las inmediaciones del medio de transporte, tanto las caras de quienes están escuchando música con auriculares como las del resto del pasaje, no exultan precisamente de alegría. Inclusive alguno un poco más osado podría llegar a afirmar que la gente, esté en un medio de transporte o esté en la calle, tanto los que escuchan música, como los que no, presentan una homogenea cara de culo.

En las épocas en las que no me robaban tan seguido los reproductores portátiles de música (empezando por el rebobinable walkman, hasta las actuales maravillas miniaturas mp... uno vaya a saber que número, de vaya uno a saber cuanta capacidad de almacenamiento) y caminaba por la calles escuchando la música que disfrutaba escuchar, al volúmen que me gustaba escucharla, caminaba feliz.

No importaba tener que acarrear el ladrillo rebobinable a bic o lapiz biselado, con su inconfundible soplido... ese bzzzzz por detrás de la música y sobre todo entre los temas. O el medio kilo de discman Panasonic plateado, alimentado con dos pilas doble AA, que te daban unas pocas horas de reproducción teniendo activado el bass boost y el entonces novedoso modo anti-shock, imprescindible para cualquier deportista extremo que quisiera saltar de un barranco escuchando su cd musical como vendía la publicidad, o a cualquier persona común que quisiera caminar por la calle con su discman sin que el disco saltase.

El placer de moverse musicalizado, todo lo valía. La música transformaba toda esa realidad que me rodeaba en una gran ficción de la que yo formaba parte y en ocasiones era protagonista.

En la última película que venía protagonizando por la calle, un muchacho detuvo mi camino y dijo algo que no llegué a escuchar. Me saqué los auriculares y el muchacho repitió aquella frase que transformó la película de ficción a documental de autor en un segundo: "Dame todo, gato, o te corto la cara".

Miau, dije, y le entregué mi reproductor de música al muchacho (sintiendo que le estaba entregando muchísimo más). Apenas lo tuvo en sus manos, me dijo que caminara sin correr hasta la esquina y doblara sin mirar para atrás. Maullé nuevamente y empecé a caminar. Al doblar la esquina, yendo a contramano de mi casa, caminé como sonámbulo durante cuadras.

Esa noche, con las piernas cansadas, recordando lo sucedido, una pregunta sumamente poco importante (a las que con el tiempo uno se va acostumbrando) se apoderó de mí: ¿estaría el muchacho en este momento escuchando mi selección musical en mi reproductor de música?
La respuesta con más quórum rondaba en torno al no positivo. Muy probablemente a esta altura el reproductor con su música y auriculares habían metamorfoseado en algunos papelitos o cualquier otra cosa de interés o necesidad de su nuevo dueño, por valor de no más de $30.

Pero quizá y solo quizá, en el viaje a venderlo, el muchacho urgó en el aparatito a ver si encontraba algo de música de su agrado. Me lo imaginé masturbando el botón "next album" incansablemente sin encontrar nada de su gusto. Me imaginé incluso diciendo para sus adentros: "que mal gusto el del gato éste". Y me imaginé su expresión y descubrí que esa cara de culo con auriculares la tenía vista de algún lado...

sábado, 21 de febrero de 2009

El Sonido

Lo único negativo de laburar con sonido, es la cantidad de horas que paso sin escuchar música...
Suena una nimiedad, pero como se sufre...

viernes, 30 de enero de 2009

El vecinito tiene (bastante) antojo...

Ayer, once y cuarto de la noche, escuché una gritada voz con tonada mejicana proveniente del departamento de arriba. No le entendí una sola palabra, pero por un segundo pensé que algún personaje del Chavo del 8 estaba de paso por lo de mi vecino. Unos segundos después, la voz se calló y un reggaeton empezó a sonar.

"El vecino de arriba organizó una fiesta", concluí apresuradamente. Durante cuatro minutos y veinticinco segundos, más allá del susto que me hizo pegar el grito del mejicano, no me preocupé: "es solo un tema, no quiere decir que vayan a estar escuchando toda la noche Reggaetón", pensé, de nuevo apresuradamente.

El problema no era el volumen al que estaba la música. Es más, me sorpendió escuchar música a un volumen tan alto y con buena calidad... "le deben haber regalado un equipo de música", imaginé sin apresurarme. Quizá era su cumpleaños y lo estaba festejando estrenando el equipo, al cual imaginé con un subwoofer violento (de al menos 60 cm. de diámetro, color dorado brillante, con pintitas plata y detalles flúo) que con las vibraciones generadas por cada golpe del "bombo sintetizado" del tema estaba resquebrajando la masilla de los vidrios de la puerta del balcón de mi casa.

Se venía el final del tema, era inminente. Creció en mí la expectactiva. El tema terminó de una forma extraña, como si lo hubieran parado antes de finalizar. Dos segundos de silencio, y de pronto... ¡nuevamente el grito mejicano! Evidentemente era parte del tema musical... una especie de introducción hablada.

Cuatro minutos y veinticinco segundos. Eso dura exactamente (tuve múltiples chances de cotejarlo) la versión que tiene mi vecino de arriba de lo que después me enteraría, se llama "La Vecinita", de un tal "Vico C", que aunque tenga nombre de remedio para el resfrío, es aparentemente el responsable de éste y otros temas similares (muy similares).

Se venía el final de la segunda reproducción del tema. Quizá alguno de los supuestos invitados a la supuesta fiesta, le había pedido al dueño de casa: "ponelo de vuelta, que está buenísimo" y él, como buen anfitrión, no había podido negarse.

La vibración de los vidrios de la puerta del balcón volvió a ser protagonista y con el afán de atenuarla, la abrí. Me asomé por la baranda, mirando hacia arriba sin conseguir ver más que algunas ramas de las plantas del balcón de mi vecinito. Volví a entrar y cerré la puerta: no solo la vibración no disminuía al abrirla, sino que además la música se escuchaba más fuerte, y siendo recién la segunda vez consecutiva que escuchaba el tema, ya empezaba a sentir la necesidad imperiosa de evitarlo.

Terminó el tema y volvió a empezar una tercera, una cuarta y una décima vez. Era un hecho: el tema estaba en repeat.
Tenía un problema. Pensé y pensé. Tenía cinco formas de evitar seguir escuchando el tema:

1) Irme de mi casa.
2) Escuchar música con auriculares y el volumen al máximo.
3) Llamar a la policía acusando ruidos molestos.
4) Subir al tercer piso e implorarle piedad al vecinito personalmente.
5) Meterme un destornillador en las orejas y dejar fuera de circulación mis tímpanos.

Era tarde, no tenía a donde ir; no tenía ganas de escuchar música; no quería tener que hablar con un cana; no me quería pelear con mi vecinito. El destornillador era una opción, pero finalmente concluí que si bien la situación era extrema, no estaba dispuesto a tanto.

Decidí no hacer nada. Abatido, quedé sentado en el piso del living de mi casa. Me empecé a sentir raro. Las paredes se me venían encima, como en una escena de Indiana Jones, pero sin piedra redonda ni látigo. Entré en trance. Perdí el conocimiento.

Hoy amanecí una y media del mediodía. Abrí los ojos y entre legañas, recorrí la pared del living con la vista. En marcador indeleble negro, pude leer:

"La vecinita tiene antojo, antojo que quiere resolver
El vecinito le echa un ojo, ojo que mira pa comer
La vecinita tiene un gato, gato que amasa porcelaaana
El vecinito que es Tanzato, se tira y lo van a degollar"

Aclaración 1
Wikipedia me confirmó hace un rato que en lugar de "amasa porcelana", dice en realidad "gato que mata por celar" y que en lugar de "El vecinito que es Tanzato", dice: "El vecinito que es tan sato". Pensé en corregirlo, pero en primer lugar no se que es "sato", pero sobre todo el borrón en la pared iba a quedar peor, así que decidí que así quedará hasta la próxima vez que se pinte el departamento.

Aclaración 2

sato, ta: adj. coloq. Cuba. Dicho de una persona, especialmente de una mujer: Que coquetea.





domingo, 7 de diciembre de 2008

Ahora Bin Laden, ¿mañana los OVNIS?

Si realmente la llamada Guerra contra el Terrorismo fue armada con el fin de tomar posesión de territorios ricos en petroleo, si las torres gemelas fueron en verdad demolidas, haciéndonos creer que fue un atentado, porqué no pensar que el próximo paso sea iniciar una guerra mundial contra supuestos ataques de supuestos OVNIS, la cual lleve a una unificación mundial, con el supuesto objetivo de unirnos contra el enemigo, y terminemos todos bajo un gobierno mundial único, con el poder establecido en un puñado de personas... casi casi como es hoy en día, pero de manera oficial y popular... aceptada por los habitantes del mundo, quienes desesperados por sus vidas, buscando ayuda, aceptarán este gobierno único, con el supuesto objetivo de defender a la humanidad, de la misma manera que el gobierno de EEUU con su guerra actual, supuestamente "defiende la paz" de su territorio. Quizá a varios les suene ridículo. Yo lejos de pensarlo ridículo, siento escalofríos.

Recomiendo vean este video, que forma parte de una serie con la que en general no estoy de acuerdo... pero que en este caso considero merece la pena ser visto, aunque sea por curiosidad.

http://www.youtube.com/watch?v=5Bi-LjvYRLk&feature=related

sábado, 29 de noviembre de 2008

El elefante bañandose en el lago Ness

















Creo que no hace falta aclarar nada más.